lunes, 13 de abril de 2015

Las Misiones Pedagógicas durante la II República Española

Las Misiones Pedagógicas fueron un proyecto de solidaridad cultural patrocinado por el Gobierno de la Segunda República Española a través del Ministro de Instrucción Pública y desde las plataformas del Museo Pedagógico Nacional y la Institución Libre de Enseñanza. Creadas en 1931, se desmantelaron al final de la guerra civil.

Debido al retraso de la reforma educativa de España en comparación con algunos países europeos, con una tasa de analfabetismo en torno al 44% agudizada en el ámbito rural, el Gobierno de la Segunda República desarrolló las llamadas "Misiones pedagógicas". Siendo Presidente Niceto Alcalá-Zamora y Ministro de Instrucción Pública Marcelino Domingo, el 29 de mayo de 1931, se creó por Decreto el Patronato de Misiones Pedagógicas con el encargo de «difundir la cultura general, la moderna orientación docente y la educación ciudadana en aldeas, villas y lugares, con especial atención a los intereses espirituales de la población rural».

El Patronato de las Misiones Pedagógicas tuvo como presidente y alma ideológica a Manuel Bartolomé Cossío, con la ayuda de Luis Álvarez Santullano como Secretario. En la Comisión Fundadora del Patronato figuran los nombres de: José Ballester Gozalvo, Domingo Barnés (vicepresidente), Francisco Barnés Salinas, Luis Bello, Amparo Cebrián, Óscar Esplá, Rodolfo Llopis, Ángel Llorca, Antonio Machado, Lucio Martínez Gil, María Luisa Navarro Margothi, Marcelino Pascua, Enrique Rioja Lo Bianco, Pedro Salinas y Juan Uña Shartou.

Las Misiones Pedagógicas se pusieron en marcha con una serie de objetivos marcados:
Ø  Fomentar la cultura general mediante bibliotecas populares, organización de lecturas, sesiones cinematográficas para conocer otros pueblos, sesiones musicales de coros y orquestas, audiciones por radio, exposiciones de arte con museos itinerantes.
Ø  Orientación pedagógica con visitas a escuelas para conocer su situación con la posterior celebración de una semana o quincena pedagógica y cursillos para maestros, en los cuales les muestran o enseñan cómo dar clases a los niños y los materiales de los que disponen.
Ø  Convocatoria de reuniones en los pueblos para revisar la estructura del estado y sus poderes.
Entre 1931 y 1936, la labor del Patronato (y a pesar de los intentos de sabotaje durante el Bienio Negro), llegó a cerca de 7.000 pueblos y aldeas, a través de 196 circuitos de Misiones Pedagógicas, con la participación aproximada de 600 "misioneros". Hasta el 31 de marzo de 1937, se repartieron 5.522 bibliotecas, que en conjunto sumaban más de 600.000 libros. El Teatro y Coro realizó 286 actuaciones, y las Exposiciones Circulantes de Pintura del Museo del Pueblo, pudieron verse en 179 localidades.

Las misiones no tenían una duración fija, que podía oscilar entre uno y quince días, dependiendo de las actividades programadas en cada lugar y del itinerario pendiente. El equipo misionero, encargado de llevar a cabo las actividades, disponía de proyectores, gramófonos, escenarios de sencillo y rápido montaje, proyecciones de películas educativas o de recreo; representaciones teatrales, musicales o corales; conferencias seguidas de coloquios; charlas sobre temas profesionales, sanitarios y de educación cívica, etc. Una vez terminada la visita, se entregaba al maestro una pequeña biblioteca para instalar en la escuela y, en ocasiones, un gramófono con un pequeño lote de discos. Estas modestas bibliotecas, pese a ubicarse normalmente en las escuelas, estaban dirigidas al conjunto de la población para despertar su afición por la lectura y elevar su nivel cultural. Éste era el único servicio que permanecía, una vez que la misión marchaba a otro lugar. Las bibliotecas se instalaron en localidades menores de 5.000 habitantes, donde residía más del 40% de la población española, y preferentemente en aldeas de 50, 100 y 200 personas. Se trataba de pequeños núcleos mal comunicados con los municipios a los que pertenecían, y en los que no se contaba con ningún medio de acceso a la cultura.

Cada biblioteca recibía una caja que contenía una colección de 100 volúmenes de sólida encuadernación, acompañados de talonarios para el préstamo, fichas especiales para la estadística, hojas de papel para forrar los libros y registros con indicaciones para el cuidado de los libros. Dichas colecciones contaban tanto con libros para niños (en lotes de menores dimensiones y compuestos en su mayoría por cuentos o adaptaciones de grandes obras de literatura, libros de aventuras y obras de consulta) y libros para adultos (obras de literatura española y universal pero también incluía tratados sobre ciencia, técnica, sanidad, historia, etc). Algunos de los libros que llevaron las Misiones Pedagógicas a los pueblos fueron: Luis de Camoens, Las Lusíadas, adaptación para niños de Manuel Vallve; M. Moreno Carracciolo, Dirigibles y aeroplanos; Diego Pastor, Lecturas geográficas: España y Portugal; Antonio Machado, Poesías completas (1899-1925); Constitución de la República española; Daniel González Linacero, Mi primer libro de historia; Gervasio Manrique, Educación moral y cívica; Concepción Sainz-Amor, Mis amigos, los animales. Primer libro de lectura; Alejandro Casona, Nuestra Natacha, La sirena varada y Otra vez el diablo; etc.

Los cuadros que componían el Museo del Pueblo, eran copias de cuadros de grandes genios de la pintura. Se pretendía hacer llegar estos cuadros a poblaciones que jamás habían oído hablar de ellos. La idea era que tomasen conciencia de que aquel tesoro nacional también era suyo, aunque en condiciones normales nunca tuviesen la oportunidad de disfrutarlo. Entre los cuadros que componían las exposiciones circulantes del Museo del Pueblo se encuentran copias de cuadros como: La nevada, Aquelarre, de Francisco Goya; Crucifixión de El Greco; La infanta doña Margarita de Austria, Las Meninas, Retrato ecuestre del Príncipe Baltasar Carlos,  de Diego Velázquez; etc.


Las Misiones pedagógicas también contaron entre sus herramientas educativas con proyectos de teatro itinerante. El más importante fue el "Teatro ambulante" o Teatro del pueblo, dirigido por Alejandro Casona y formado por jóvenes estudiantes universitarios, en algunos casos antiguos alumnos de la Institución Libre de Enseñanza. El proyecto fue contemporáneo al de la compañía de teatro universitario La Barraca de Federico García Lorca y Eduardo Ugarte. El Teatro del pueblo se desarrolló junto con el Coro del pueblo que dirigía el investigador y compositor Eduardo Martínez Torner. Adaptadas por el propio Casona, se seleccionaron, entre otras piezas: una Égloga de Juan del Encina; La Carátula, El Convidado y Las Aceitunas de Lope de Rueda; Los Alcaldes de Daganzo y El Juez de los Divorcios de Cervantes; y El Dragoncillo de Calderón de la Barca. En los intermedios se cantaban romances tradicionales, cantigas y otras formas musicales populares. Al final se repartían copias de romances como: El Conde Olinos; La Loba Parda; El Pastor Desesperado; La Condesita y Misa de Amor.


Las Misiones Pedagógicas también acercaron el mundo del cine al ámbito rural. En muchos de los pueblos a los que se acudió con los equipos de cine, se mostraban por primera vez las imágenes en movimiento, algo que los habitantes de los pueblos o aldeas que visitaban no habían visto anteriormente y que les resultaba sorprendente y mágico. Entre las películas proyectadas están: La calle de la paz, 1917. Director: Charles Chaplin; Documental Caucho, Estados Unidos, 1929. Director: George W. Hoke; Documental Antracita, Estados Unidos, 1928. Director: George W. Hoke; etc. También se realizaban proyecciones fijas, las diapositivas podían ser retratos artísticos, históricos, geográficos, y cuadros de Van Gogh, Fra Angélico, Van Dyck, Rubens, Velázquez, etc.
Y el mundo de la música también fue llevado a la población rural. La música se añadió a todos los programas, tanto de adultos como de niños. Además del canto gregoriano, pasajes de zarzuela y música lírica regional española, se incluyeron obras de Bach, Beethoven, Schubert, Mozart, Haendel, etc. Los niños escuchaban la música en la escuela, mientras que los adultos lo hacían por las noches o en días festivos. Algunos maestros se desplazaban a los pueblos vecinos dejando un gramófono y una colección de discos que se iba renovando cada cierto tiempo.

Tristemente con la llegada de la Guerra Civil, las Misiones Pedagógicas dejaron de funcionar. Empezó un tiempo oscuro para la educación en general y más en el ámbito rural, donde las misiones tenían su actividad.


miércoles, 8 de abril de 2015

Actividad 6: ¿Qué fueron y para qué sirvieron las Colonias Escolares durante la Guerra Civil española (1936/1939)?

CONTEXTO, CREACIÓN Y FUNCIÓN.

Las colonias escolares que funcionaron principalmente en el Levante y Cataluña, y, en menor medida en el Aragón republicano, Cuenca, Albacete y Madrid. Fueron unas instituciones que surgieron durante la guerra civil, que sirvieron no sólo de refugio a los niños evacuados a aquellas zonas a causa de los bombardeos en sus lugares de origen, la escasez de alimentos y la orfandad, sino que cumplieron una función educativa muy importante.
Uno de los problemas más graves que tuvo que resolver el Gobierno Republicano durante la guerra fue el de la evacuación de la población civil y muy especialmente la evacuación de los niños convirtiéndose en una gran tragedia.
En octubre de 1936 ya estaba Madrid en peligro y se impone la necesidad de proteger, tanto a sus habitantes como al gran número de personas que huyendo del avance enemigo, se habían refugiado en la capital de la República. Por este motivo, se crea un Comité de Refugiados por decreto de la Presidencia del Gobierno en el que colaboran distintas instituciones y partidos políticos. El Comité tenía por misión evacuar a la población civil: niños, mujeres y ancianos.
La evacuación de los niños se hizo en principio de forma desordenada y por iniciativa de instituciones como el Socorro Rojo Internacional, la Diputación, el Ayuntamiento, etc. Siendo el Ministerio de Sanidad a través de la Dirección de Asistencia Social el encargado tanto de los refugiados como de la evacuación. La evacuación de las zonas de guerra, fue extremadamente dolorosa e incómoda. Se aprovechaba cualquier medio de transporte para alejar a los niños de los horrores de la guerra.


La principales razones por las que se instalaron las Colonias en el Levante español y Cataluña, fueron que tenía mejor clima, que había sido sofocada la rebelión militar por las fuerzas gubernamentales apoyadas por las masas populares (especialmente miembros de la CNT) y que además la zona mediterránea poseía gran número de Colonias llamadas «de invierno» que venían funcionando desde la llegada de la República; todas estas circunstancias permitieron que se instalaran allí de forma masiva estos grupos de niños en busca de paz y mejores condiciones de vida. Por otro lado y a causa del triunfo del Frente Popular en esta zona, se instaló también en Valencia la sede del Gobierno Republicano e incluso, la intelectualidad española tuvo allí su residencia, convirtiendo a dicha ciudad en un «paraíso» cultural.
Consciente el Ministerio de Instrucción Pública de la obligación que tenía de la educación e instrucción de estos niños, en febrero del año 1937 creó la «Delegación Central de Colonias». Este Organismo iba a canalizar, organizar y resolver todos los problemas relacionados con los niños acogidos en la región mediterránea, Levante y Cataluña e incluso regular y normalizar la evacuación de estos niños al extranjero. La Delegación Central de Colonia, dependiente de la Dirección General de Primera Enseñanza estuvo formada por cinco secciones: Estadística, Evacuación y Recepción de niños. Alojamiento e Instalación, Organización Administrativa y Organización del régimen pedagógico.

Los lugares que se habilitaron fueron palacios abandonados por sus dueños, hoteles, casas de campo, cuarteles de la Guardia Civil o Colegios de congregaciones religiosas requisados para este fin. Una vez conseguido el local, correspondía a esta sección la instalación del mobiliario, utensilios, así como material escolar.
Pero el apartado más interesante desde el punto de vista educativo: Organización del régimen pedagógico. Esta sección dio instrucciones para la actuación del profesorado tanto para impartir clases en las escuelas como fuera de ellas, su misión fundamentalmente, fue la de formar al profesorado para lo cual se arbitraría el procedimiento de que los responsables de las colonias pasasen por el Perelló, lugar donde el pedagogo Ángel Llorca (miembro de la ILE), ayudado por maestros en prácticas llevaban a cabo unas experiencias pedagógicas, con procedimientos nuevos y con reconocido éxito. Esta fórmula, no dio el resultado esperado y se optó porque sean los pedagogos citados los que vayan pasando por las diferentes colonias para ayudar a los profesores responsables a organizar bien la colonia e introducir las innovaciones educativas por ellos experimentadas.
Había en 1937 según los datos del Ministerio de Instrucción Pública, alrededor de 560 instituciones en las que estaban recogidos 50.000 niños aproximadamente en régimen colectivo. El mayor número de niños se concentró en Levante. La cifra total debió oscilar en torno a los 100.000, pues a éstos hay que añadir, los que residieron en familias.
Ante la numerosa población infantil que había que atender y que estaba albergada en la zona levantina, bien porque fueran insuficientes los recursos económicos, bien porque se tratase de buscar indirectamente la participación de los países europeos, o porque se pretendía un mayor bienestar de los niños, lo cierto es que comienza la evacuación al extranjero en la primavera de 1937.  El 16 de agosto se creó una Delegación Española de la Infancia Evacuada en París, que era la responsable de la organización, dirección y régimen pedagógico para los niños evacuados en el extranjero. Esta Delegación coordino los esfuerzos que venían haciendo distintos comités que se habían organizado en Europa con fines humanitarios. Así mismo todos los comités o delegaciones que habían intervenido en la evacuación directa de niños al extranjero como el País Vasco, Cataluña..., facilitaron a la Delegación Española cuantos datos, fichas, etc. puedan ayudar para normalizar y dar eficacia al servicio, ya que incluso desde octubre del 36, el Ministerio de Sanidad, dirigido por Federica Montseny, había procedido a la evacuación de niños especialmente a Francia.
Pocos días más tarde, el 28 del mismo mes de agosto se creó el «Consejo Nacional de la Infancia Evacuada». Este organismo fuertemente centralizado, coordinó la labor de todas las Delegaciones tanto en España como en el extranjero.


Dos fueron los sistemas que se utilizaron por la Delegación para recoger a los niños evacuados, niños huérfanos, hijos de milicianos, mal alimentados y peor vestidos, que llegaban a las diferentes regiones del país en busca de mejores condiciones de vida y de la educación e instrucción necesarias.
El primer sistema que funcionó fue el de Colonias en régimen familiar, ya que no exigía la preparación de locales apropiados, residencias hoteles, colegios... ni tampoco la dotación del mobiliario y material suficiente para la instalación definitiva de los niños ya que eran alojados en familias. Con el tiempo, se fue orientando a dar solución al problema del niño sin hogar mediante el sistema de Colonias Colectivas. No se sabe el número de niños acogidos a este sistema.
El otro sistema utilizado fue el sistema Colonias Colectivas. Bajo este título funcionaron gran número de Instituciones Infantiles que tenían acogidas a un número variable de niños en edad escolar que van a ser la residencia permanente de éstos, durante la guerra civil (1936-1939).
Se puso interés en conseguir un ambiente hogareño en dichas colonias; al frente de los cuales había un responsable, maestro, retribuido por el Ministerio de Instrucción Pública, una maestra preferiblemente que se ocupó de la enseñanza (los maestros jóvenes estaban en el frente), algunas veces con personal auxiliar joven que ayudaban a los profesores, y por último personal de limpieza y cocina.
Existieron Colonias sostenidas por gran variedad de instituciones, e incluso algún país extranjero; todos ellos aportaron ayuda económica para pagar los gastos derivados del mantenimiento de estas Instituciones infantiles. El organismo que más intensamente colaboró en la protección de la infancia, fue el Socorro Rojo internacional que también se había ocupado de la evacuación.
Existieron Federaciones, Asociaciones y Sindicatos que mantuvieron diversos centros: La Federación de Amigos de la Enseñanza, la Federación Universitaria Española, la ILE, FETE, la CNT, incluso las propias Brigadas Internacionales colaboraron en esta tarea de proteger a la infancia de los efectos de la guerra.
Los nombres de las propias Colonias nos dan a conocer su filiación pedagógica, ideológica o política: «Francisco Ferrer i Guardia», «Pablo Iglesias», «Cossío», «Giner de los Ríos», etc. Otras colonias tienen marcado carácter simbólico: Vergel, Nubes, etc.
Muchas de las Colonias estuvieron instaladas en palacetes, casa de campo, hoteles y balnearios y poseían jardín y huerta donde los niños fueron instruidos y educados en ambiente sano y agradable.
El horario de una colonia infantil fue el siguiente:
·         Despertarse a las 7 de la mañana.
·         Levantarse a las 7,30 de mañana.
·         Asearse a las 7,30 de la mañana.
·         Desayuno de 8,30 a 9 de la mañana.
·         Clases cortas, períodos descanso 9 a 12 horas de la mañana.
·         Lavarse manos y período de descanso de 12 a 12,30 horas de la mañana.
·         Comida a las 12,30 a las 13,30 horas de la mañana.
·         Descanso 1,30 a las 3 de la tarde.
·         Trabajos manuales, juegos, otros trabajos... de 3 a 5 horas de la tarde.
·         Juegos sin supervisar de 5 a 6,30 horas de la tarde.
·         Lectura, charla, lecturas ilustradas, canciones... 6,30 a 8 de la tarde.
·         Cenar de 8 a 8,30 horas de la tarde.
·         Ir a la cama 8,30 a 9 de la tarde.

En cuanto a la enseñanza, el profesor seguiría el programa oficialmente establecido pero se insiste en que tenga en cuenta que los niños reciban una enseñanza activa. Los niños y las niñas suficientemente mayores colaborarán en el trabajo de limpieza y arreglo de las casas, como si de sus hogares se tratase. También se formarán equipos para realizar trabajos de agricultura, cuidar el ganado, aprender a utilizar y cuidar herramientas, etc.
Para ingresar en una colonia colectiva, tenían preferencia los hijos de milicianos huérfanos o heridos. Si había plazas podía ser ocupado el puesto por cualquier niño evacuado. La petición de ingreso en una de estas instituciones se hacía, como es normal, a través de la Delegación Central o CNIE y este escrito de petición estaba avalado por el informe de un partido o sindicato.


EVACUACIÓN DE LOS NIÑOS AL EXTRANJERO

Las ofensivas de los militares sublevados en el Frente Norte, en septiembre de 1936, provocaron la primera evacuación de pequeños grupos de niños hacia Francia. No obstante, las primeras expediciones oficiales organizadas datan de marzo de 1937. Una primera expedición fue a la isla de Oléron, otra condujo a 72 niños hacia la Unión Soviética.
La evolución de la guerra en el Norte aceleró el proceso de las expediciones infantiles hacia Francia, Bélgica, Inglaterra y la Unión Soviética; países que acogieron el mayor número de niños. Pequeños grupos fueron a Suiza, Holanda y Dinamarca. Suecia y Noruega sostuvieron colonias en Francia. Por último, a México fueron los llamados "Niños de Morelia".
Estas expediciones oficiales contaron con el apoyo de distintas organizaciones políticas, sindicales y humanitarias y se concibieron con un carácter provisional. La mayoría de los países facilitaron la repatriación de los menores excepto la Unión Soviética y México con los que el régimen de Franco no mantenía relaciones diplomáticas.
Durante la guerra fueron evacuados unos 30.000 niños. Se calcula que en junio de 1938 había en Francia unos 11.000 menores. El éxodo de principios de 1939 llevó al exilio a cerca de 70.000 niños.
La primera expedición infantil hacia Francia tuvo lugar el 20 de marzo de 1937. Organizada por el Gobierno Vasco en colaboración con el Gobierno de la República, condujo a 450 niños vascos, entre cinco y doce años, a la colonia llamada "Maison Heureuse" (Casa Dichosa), situada en la isla de Oléron, en la localidad de Boyardville.