Las Misiones Pedagógicas fueron
un proyecto de solidaridad cultural patrocinado por el Gobierno de la Segunda
República Española a través del Ministro de Instrucción Pública y desde las
plataformas del Museo Pedagógico Nacional y la Institución Libre de Enseñanza.
Creadas en 1931, se desmantelaron al final de la guerra civil.
Debido al retraso de la reforma
educativa de España en comparación con algunos países europeos, con una tasa de
analfabetismo en torno al 44% agudizada en el ámbito rural, el Gobierno de la
Segunda República desarrolló las llamadas "Misiones pedagógicas".
Siendo Presidente Niceto Alcalá-Zamora y Ministro de Instrucción Pública
Marcelino Domingo, el 29 de mayo de 1931, se creó por Decreto el Patronato de
Misiones Pedagógicas con el encargo de «difundir la cultura general, la moderna
orientación docente y la educación ciudadana en aldeas, villas y lugares, con
especial atención a los intereses espirituales de la población rural».
El Patronato de las Misiones
Pedagógicas tuvo como presidente y alma ideológica a Manuel Bartolomé Cossío,
con la ayuda de Luis Álvarez Santullano como Secretario. En la Comisión
Fundadora del Patronato figuran los nombres de: José Ballester Gozalvo, Domingo
Barnés (vicepresidente), Francisco Barnés Salinas, Luis Bello, Amparo Cebrián,
Óscar Esplá, Rodolfo Llopis, Ángel Llorca, Antonio Machado, Lucio Martínez Gil,
María Luisa Navarro Margothi, Marcelino Pascua, Enrique Rioja Lo Bianco, Pedro
Salinas y Juan Uña Shartou.
Las Misiones Pedagógicas se
pusieron en marcha con una serie de objetivos marcados:
Ø Fomentar
la cultura general mediante bibliotecas populares, organización de lecturas,
sesiones cinematográficas para conocer otros pueblos, sesiones musicales de
coros y orquestas, audiciones por radio, exposiciones de arte con museos
itinerantes.
Ø Orientación
pedagógica con visitas a escuelas para conocer su situación con la posterior
celebración de una semana o quincena pedagógica y cursillos para maestros, en
los cuales les muestran o enseñan cómo dar clases a los niños y los materiales
de los que disponen.
Ø Convocatoria
de reuniones en los pueblos para revisar la estructura del estado y sus
poderes.
Entre 1931 y 1936, la labor del
Patronato (y a pesar de los intentos de sabotaje durante el Bienio Negro),
llegó a cerca de 7.000 pueblos y aldeas, a través de 196 circuitos de Misiones
Pedagógicas, con la participación aproximada de 600 "misioneros".
Hasta el 31 de marzo de 1937, se repartieron 5.522 bibliotecas, que en conjunto
sumaban más de 600.000 libros. El Teatro y Coro realizó 286 actuaciones, y las
Exposiciones Circulantes de Pintura del Museo del Pueblo, pudieron verse en 179
localidades.
Las misiones no tenían una
duración fija, que podía oscilar entre uno y quince días, dependiendo de las
actividades programadas en cada lugar y del itinerario pendiente. El equipo
misionero, encargado de llevar a cabo las actividades, disponía de proyectores,
gramófonos, escenarios de sencillo y rápido montaje, proyecciones de películas
educativas o de recreo; representaciones teatrales, musicales o corales;
conferencias seguidas de coloquios; charlas sobre temas profesionales,
sanitarios y de educación cívica, etc. Una vez terminada la visita, se
entregaba al maestro una pequeña biblioteca para instalar en la escuela y, en
ocasiones, un gramófono con un pequeño lote de discos. Estas modestas
bibliotecas, pese a ubicarse normalmente en las escuelas, estaban dirigidas al
conjunto de la población para despertar su afición por la lectura y elevar su
nivel cultural. Éste era el único servicio que permanecía, una vez que la
misión marchaba a otro lugar. Las bibliotecas se instalaron en localidades
menores de 5.000 habitantes, donde residía más del 40% de la población
española, y preferentemente en aldeas de 50, 100 y 200 personas. Se trataba de
pequeños núcleos mal comunicados con los municipios a los que pertenecían, y en
los que no se contaba con ningún medio de acceso a la cultura.
Cada biblioteca recibía una caja
que contenía una colección de 100 volúmenes de sólida encuadernación, acompañados
de talonarios para el préstamo, fichas especiales para la estadística, hojas de
papel para forrar los libros y registros con indicaciones para el cuidado de
los libros. Dichas colecciones contaban tanto con libros para niños (en lotes
de menores dimensiones y compuestos en su mayoría por cuentos o adaptaciones de
grandes obras de literatura, libros de aventuras y obras de consulta) y libros
para adultos (obras de literatura española y universal pero también incluía
tratados sobre ciencia, técnica, sanidad, historia, etc). Algunos de los libros
que llevaron las Misiones Pedagógicas a los pueblos fueron: Luis de Camoens, Las
Lusíadas, adaptación para niños de Manuel Vallve; M. Moreno
Carracciolo, Dirigibles y aeroplanos; Diego Pastor, Lecturas geográficas: España y
Portugal; Antonio Machado, Poesías completas (1899-1925); Constitución
de la República española; Daniel González Linacero, Mi
primer libro de historia; Gervasio Manrique, Educación moral y cívica;
Concepción Sainz-Amor, Mis amigos, los animales. Primer libro de
lectura; Alejandro Casona, Nuestra Natacha, La sirena varada y Otra vez
el diablo; etc.
Los cuadros que componían el
Museo del Pueblo, eran copias de cuadros de grandes genios de la pintura. Se
pretendía hacer llegar estos cuadros a poblaciones que jamás habían oído hablar
de ellos. La idea era que tomasen conciencia de que aquel tesoro nacional
también era suyo, aunque en condiciones normales nunca tuviesen la oportunidad
de disfrutarlo. Entre los cuadros que componían las exposiciones circulantes
del Museo del Pueblo se encuentran copias de cuadros como: La nevada, Aquelarre, de
Francisco Goya; Crucifixión de El Greco; La infanta doña Margarita de Austria, Las
Meninas, Retrato ecuestre del Príncipe Baltasar Carlos, de Diego Velázquez; etc.
Las Misiones pedagógicas también
contaron entre sus herramientas educativas con proyectos de teatro itinerante.
El más importante fue el "Teatro ambulante" o Teatro del pueblo, dirigido por Alejandro Casona y formado por
jóvenes estudiantes universitarios, en algunos casos antiguos alumnos de la Institución
Libre de Enseñanza. El proyecto fue contemporáneo al de la compañía de teatro
universitario La Barraca de Federico
García Lorca y Eduardo Ugarte. El Teatro del pueblo se desarrolló junto con
el Coro del pueblo que dirigía el investigador y compositor Eduardo Martínez
Torner. Adaptadas por el propio Casona, se seleccionaron, entre otras piezas:
una Égloga
de Juan del Encina; La
Carátula, El Convidado y Las Aceitunas de Lope de Rueda; Los Alcaldes de Daganzo y
El
Juez de los Divorcios de Cervantes;
y El
Dragoncillo de Calderón de la
Barca. En los intermedios se cantaban romances tradicionales, cantigas y
otras formas musicales populares. Al final se repartían copias de romances
como: El Conde Olinos; La Loba Parda; El Pastor Desesperado; La Condesita y
Misa de Amor.
Las Misiones Pedagógicas también
acercaron el mundo del cine al ámbito rural. En muchos de los pueblos a los que
se acudió con los equipos de cine, se mostraban por primera vez las imágenes en
movimiento, algo que los habitantes de los pueblos o aldeas que visitaban no
habían visto anteriormente y que les resultaba sorprendente y mágico. Entre las
películas proyectadas están: La calle de la paz, 1917. Director: Charles Chaplin; Documental Caucho,
Estados Unidos, 1929. Director: George W.
Hoke; Documental Antracita, Estados Unidos, 1928.
Director: George W. Hoke; etc.
También se realizaban proyecciones fijas, las diapositivas podían ser retratos
artísticos, históricos, geográficos, y cuadros de Van Gogh, Fra Angélico, Van
Dyck, Rubens, Velázquez, etc.
Y el mundo de la música también
fue llevado a la población rural. La música se añadió a todos los programas,
tanto de adultos como de niños. Además del canto gregoriano, pasajes de
zarzuela y música lírica regional española, se incluyeron obras de Bach,
Beethoven, Schubert, Mozart, Haendel, etc. Los niños escuchaban la música en la
escuela, mientras que los adultos lo hacían por las noches o en días festivos.
Algunos maestros se desplazaban a los pueblos vecinos dejando un gramófono y
una colección de discos que se iba renovando cada cierto tiempo.
Tristemente con la llegada de la
Guerra Civil, las Misiones Pedagógicas dejaron de funcionar. Empezó un tiempo
oscuro para la educación en general y más en el ámbito rural, donde las
misiones tenían su actividad.


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